Los paisajes, las ciudades, los pueblos; cada calle, cada ventana… y por qué no decirlo; cada rostro; los vapores del té con leche, los animales sueltos en la calle, el rechinar de los pedales; el paseo eterno de los bultos sobre la cabeza y el grito permanente de la oferta entre los pasillos de un laberinto urbano, que se hincha de sonidos con los primeros rayos del sol y que al caer la tarde parece desplomarse junto a los rumores del mercado…
Estas imágenes, estos sonidos, constituyen un esbozo de este país aparte, de esta fauna, de esta tierra singular. Sin duda, un retrato distinto de nuestro mundo…










